El presidente camerunés ha vuelto a Yaundé después de 73 días en Europa, pero su regreso no ha cerrado el debate abierto durante su ausencia. Sectores políticos y de la sociedad civil reclaman respuestas sobre las elecciones pendientes, la situación económica y una vicepresidencia que continúa vacante.
Yaundé.— Paul Biya está de nuevo en Camerún. Su regreso, sin embargo, no ha bastado para disipar las preguntas que se acumularon durante más de dos meses de ausencia.
El presidente camerunés, de 93 años y en el poder desde 1982, aterrizó el pasado 20 de agosto en el aeropuerto internacional de Yaundé-Nsimalen procedente de Ginebra. Había abandonado el país el 7 de junio para lo que la Presidencia presentó inicialmente como una breve estancia privada en Europa. Finalmente fueron 73 días fuera del país, el periodo de ausencia en el extranjero más prolongado registrado durante su presidencia.
A su llegada, Biya estuvo acompañado por la primera dama, Chantal Biya. Miembros del Gobierno y dirigentes del partido gobernante, el Movimiento Democrático del Pueblo Camerunés (CPDM), acudieron a recibirle, mientras simpatizantes se concentraban en distintos puntos del recorrido hacia el Palacio de la Unidad. La propia Presidencia presentó el regreso como una demostración de normalidad institucional y sostuvo que el jefe del Estado había continuado ejerciendo sus funciones durante su estancia en Europa.
Pero fuera del entorno presidencial, la lectura es más compleja.
Un regreso que no cierra las preguntas
La prolongada estancia de Biya en Suiza había alimentado durante semanas interrogantes sobre su estado de salud y, sobre todo, sobre el funcionamiento del Estado durante una ausencia tan extensa.
Reuters informó de que dirigentes de la oposición llegaron a pedir al Consejo Constitucional que examinara la situación y determinara si era necesario activar algún mecanismo de sustitución temporal. El organismo no adoptó ninguna medida.
El Gobierno, por su parte, mantuvo durante todo ese periodo que el presidente seguía al frente del país. Desde Europa, Biya continuó firmando decretos, incluidos nombramientos militares y autorizaciones relacionadas con acuerdos financieros, una actividad utilizada por las autoridades como prueba de que la Presidencia seguía funcionando.
Su retorno ha acabado con la ausencia física, pero no con el debate político que ésta dejó al descubierto: qué mecanismos tiene Camerún para garantizar la continuidad del poder si el presidente no puede ejercer sus funciones y quién asumiría esa responsabilidad.
Una vicepresidencia creada, pero todavía vacante
La cuestión adquirió todavía más importancia después de que el Parlamento camerunés aprobara en abril de este año una reforma constitucional que recuperó la figura del vicepresidente, eliminada en 1972.
La reforma establece una línea de sucesión más clara en caso de muerte, dimisión o incapacidad permanente del jefe del Estado. Sin embargo, meses después de la aprobación de la modificación constitucional, Biya todavía no ha nombrado a la persona que ocupará el cargo.
La ausencia prolongada del presidente convirtió así una reforma que podía parecer puramente institucional en una cuestión inmediata de gobernabilidad.
Desde su regreso, distintas voces políticas y de la sociedad civil han pedido que se avance en este asunto. Según informó Channel Africa este miércoles 26 de agosto, las demandas no se limitan a la vicepresidencia: también incluyen respuestas sobre la situación económica, el desempleo juvenil y el calendario político del país.
Las elecciones vuelven al centro del debate
Otro de los asuntos pendientes es la celebración de las elecciones legislativas y municipales.
Camerún no celebra estos comicios desde febrero de 2020 y los mandatos de diputados y representantes municipales han sido prorrogados en distintas ocasiones.
En mayo, Biya firmó un decreto que prolongó el mandato de los concejales municipales hasta el 28 de febrero de 2027, salvo que se convoquen elecciones antes de esa fecha. La radiotelevisión pública camerunesa, CRTV, confirmó oficialmente la extensión.
Las sucesivas prórrogas han provocado críticas entre sectores de la oposición y aumentan la presión para que el calendario previsto para 2027 no vuelva a modificarse.
El aspirante parlamentario Prince Lesley Nformi, citado este miércoles por Channel Africa, señaló que una parte de la expectativa política tras el regreso del presidente está precisamente en saber si el Ejecutivo avanzará finalmente hacia las elecciones municipales y legislativas y hacia una reorganización del Gobierno.
El desafío va más allá de la sucesión
La discusión sobre la continuidad institucional coincide con problemas que afectan directamente a la población.
Camerún sigue afrontando dificultades económicas y un elevado descontento entre sectores jóvenes, al mismo tiempo que mantiene abiertos importantes desafíos de seguridad: la violencia vinculada a grupos yihadistas en el extremo norte y el prolongado conflicto separatista en las regiones anglófonas del Noroeste y Suroeste. Associated Press señala que más del 70 % de la población camerunesa tiene menos de 35 años, una realidad demográfica que contrasta con una estructura política encabezada por un presidente de 93 años.
Biya gobierna Camerún desde noviembre de 1982. Tras más de cuatro décadas en el poder, cualquier ausencia prolongada del presidente trasciende inevitablemente el ámbito personal y se convierte en una cuestión institucional.
Su regreso a Yaundé ha devuelto al jefe del Estado al centro visible del poder camerunés. Pero las preguntas surgidas durante los 73 días que pasó fuera del país continúan sobre la mesa.
La atención se centra ahora en sus próximos movimientos: la eventual designación de un vicepresidente, la composición del Gobierno y, especialmente, la confirmación de un calendario electoral capaz de cerrar un periodo marcado por sucesivas prórrogas.
Para Camerún, el debate ya no gira únicamente alrededor de dónde está Paul Biya. La cuestión de fondo es cómo se prepara el país para garantizar la continuidad de sus instituciones y afrontar una transición política que, tarde o temprano, tendrá que producirse.
