El modelo soberanista del dirigente burkinés podría impulsar un mayor control sobre los recursos naturales, reforzar la producción nacional y combatir el dominio de los clanes dentro de las instituciones. Sin embargo, ningún cambio sería duradero sin transparencia, equilibrio territorial y participación ciudadana.
Imaginar a Ibrahim Traoré como presidente de Guinea Ecuatorial no significa afirmar que su modelo pueda trasladarse de forma automática al país.
Burkina Faso y Guinea Ecuatorial tienen realidades muy diferentes. El primero afronta una grave crisis de seguridad en el Sahel, mientras que el segundo es un pequeño Estado productor de petróleo y gas, con una población reducida y abundantes recursos naturales.
Aun así, el ejercicio permite plantear una pregunta que muchos ciudadanos se hacen desde hace años: ¿qué ocurriría si Guinea Ecuatorial estuviera gobernada por un dirigente dispuesto a revisar los contratos estratégicos, reducir los privilegios de las élites y colocar la soberanía nacional en el centro de la acción política?
El petróleo dejaría de ser un asunto reservado a unos pocos
Una de las primeras decisiones de un Gobierno inspirado en Traoré probablemente sería revisar los contratos relacionados con el petróleo, el gas, los puertos y las principales infraestructuras del país.
Guinea Ecuatorial ha generado enormes ingresos gracias a los hidrocarburos. Sin embargo, una parte importante de la población continúa sin comprender por qué esa riqueza no se refleja plenamente en la sanidad, la educación, el empleo, el agua potable o el desarrollo de las zonas rurales.
Un dirigente con el discurso soberanista de Traoré podría exigir mayor claridad sobre cuánto recibe realmente el Estado, cuánto obtienen las compañías extranjeras y quiénes son los beneficiarios finales de las grandes concesiones.
También podría imponer mayores obligaciones de contratación local, formación profesional y participación de empresas nacionales en los sectores estratégicos.
Pero recuperar una mayor parte de los ingresos no sería suficiente. El dinero tendría que administrarse mediante presupuestos públicos, auditorías y controles independientes. De lo contrario, la riqueza podría cambiar de manos sin transformar la vida de los ciudadanos.
El país tendría que prepararse para vivir sin petróleo
Durante décadas, la economía ecuatoguineana ha dependido excesivamente de los hidrocarburos.
El petróleo permitió financiar grandes obras y modernizar determinadas infraestructuras, pero no consiguió crear una economía suficientemente diversificada ni reducir de manera estructural la dependencia de las importaciones.
Un Gobierno inspirado en Traoré probablemente buscaría transformar dentro del país una mayor parte de las materias primas.
No se trataría únicamente de exportar petróleo y gas, sino de utilizarlos para producir electricidad, fertilizantes, combustibles, materiales industriales y otros bienes capaces de generar empleo estable.
La diferencia estaría entre vender recursos y construir una economía alrededor de ellos.
El verdadero desafío sería preparar a Guinea Ecuatorial para el día en que los yacimientos produzcan menos y los ingresos petroleros ya no puedan sostener el presupuesto nacional.
La agricultura volvería a ocupar un lugar central
Guinea Ecuatorial dispone de tierras fértiles, abundante agua y condiciones climáticas favorables. A pesar de ello, el país depende de la importación de numerosos productos básicos.
Con una política semejante a la defendida por Traoré, la agricultura podría recuperar su lugar como uno de los pilares de la economía nacional.
El Gobierno podría apoyar la producción de cacao, café, yuca, malanga, plátano, frutas, hortalizas, palma y otros cultivos adaptados a cada región.
También serían necesarias carreteras rurales, sistemas de almacenamiento, pequeñas industrias alimentarias, acceso a maquinaria, financiación y asistencia técnica.
No bastaría con entregar tractores o lanzar campañas temporales. Los agricultores necesitarían garantías para vender sus productos y vivir dignamente de su trabajo.
La soberanía alimentaria comenzaría cuando producir en el campo dejara de ser una actividad abandonada y pasara a convertirse en una verdadera oportunidad económica.
La juventud tendría que dejar de esperar favores
Uno de los mayores problemas del país es la dificultad que encuentran muchos jóvenes para acceder a un empleo sin contactos políticos o familiares.
Numerosos ecuatoguineanos estudian, se forman y adquieren experiencia, pero continúan encontrando barreras para incorporarse a las empresas públicas, las petroleras o las grandes compañías privadas.
Un Gobierno inspirado en Traoré probablemente presionaría a las empresas para que contraten, formen y promocionen a más profesionales nacionales.
Eso obligaría al Estado a invertir en mantenimiento industrial, electricidad, soldadura, mecánica, agricultura, pesca, logística, ingeniería, sanidad y administración.
La juventud dejaría de ser contemplada únicamente como un grupo que espera ayudas y pasaría a ser considerada la principal fuerza productiva del país.
El tribalismo y el dominio de los clanes estarían bajo presión
Otro de los grandes desafíos sería combatir la presencia del tribalismo, el nepotismo y las redes familiares dentro de las instituciones públicas.
El verdadero cambio no consistiría en sustituir el dominio de un grupo por el de otro, sino en construir un Estado en el que ningún ciudadano necesitara pertenecer a una familia influyente, a una etnia concreta o a un círculo político para acceder a un empleo, una beca, una empresa pública o un contrato estatal.
Frente al tribalismo y al dominio de los clanes, un Gobierno inspirado en Traoré probablemente intentaría situar la identidad nacional por encima de las lealtades familiares o étnicas.
Los nombramientos públicos podrían someterse a concursos transparentes, controles patrimoniales y normas estrictas contra el nepotismo.
Los ministerios, las empresas estatales, las fuerzas de seguridad y las administraciones locales tendrían que incorporar profesionales de todas las comunidades del país de acuerdo con su preparación, experiencia y capacidad.
El objetivo no debería ser repartir los cargos mediante cuotas étnicas, sino garantizar que ninguna comunidad quedara excluida ni que una sola red familiar controlara los sectores estratégicos del Estado.
Un reparto más justo de los recursos
Los ingresos procedentes del petróleo, el gas, los puertos, la explotación forestal y otros sectores podrían distribuirse mediante un fondo territorial sometido a criterios públicos.
La asignación de recursos debería tener en cuenta la población, el nivel de pobreza, la falta de infraestructuras, las carencias sanitarias y educativas y el impacto ambiental sufrido por cada zona.
De esta manera, provincias y distritos con mayores necesidades recibirían una atención prioritaria.
Bioko Sur, Annobón, Litoral, Centro Sur, Kié-Ntem, Wele-Nzas y otras regiones no tendrían que depender únicamente de decisiones discrecionales tomadas desde el poder central.
Sin embargo, el reparto justo no estaría garantizado por el discurso de un solo dirigente.
Serían necesarias cuentas públicas, auditorías independientes, presupuestos transparentes y la participación efectiva de todas las comunidades del país.
La lucha contra el tribalismo tampoco debería utilizarse para silenciar las diferencias culturales. Guinea Ecuatorial es un país diverso, y esa diversidad tendría que ser protegida y representada dentro de las instituciones.
La verdadera unidad nacional no consiste en obligar a todos a pensar de la misma manera, sino en impedir que cualquier grupo sea excluido del Estado o de la riqueza nacional.
Menos lujo institucional y más servicios básicos
El estilo político asociado a Traoré ha ganado popularidad porque proyecta austeridad, patriotismo y cercanía con la población.
Aplicado a Guinea Ecuatorial, ese enfoque podría traducirse en una reducción del gasto en ceremonias, viajes, vehículos oficiales, delegaciones y proyectos de escasa utilidad social.
Los recursos ahorrados podrían destinarse a hospitales, escuelas, agua potable, vivienda, transporte público, saneamiento y carreteras secundarias.
Pero la austeridad no debería limitarse a la imagen del presidente.
No bastaría con vestir con sencillez o pronunciar discursos patrióticos. La verdadera austeridad se demostraría cuando los gastos del Estado fueran públicos y los dirigentes estuvieran sometidos a las mismas normas que el resto de los ciudadanos.
Lubá, Annobón y las zonas rurales podrían recuperar protagonismo
El desarrollo del país ha estado demasiado concentrado en Malabo, Bata y determinadas grandes infraestructuras.
Un proyecto nacional equilibrado tendría que prestar mayor atención a Lubá, Riaba, Annobón, Cogo, Nsork, Añisok y muchas otras localidades que continúan esperando servicios suficientes y oportunidades económicas.
Cada zona debería desarrollarse en función de sus propias capacidades.
Bioko Sur podría beneficiarse de la pesca, el turismo, la agricultura y las actividades portuarias. Annobón necesitaría mejoras sostenidas en transporte, abastecimiento y sanidad. La región continental podría potenciar la agricultura, la ganadería, el comercio y una industria forestal responsable.
El desarrollo no debería medirse únicamente por el número de edificios construidos.
También tendría que medirse por la distancia que recorre una mujer embarazada para llegar a un hospital, por las posibilidades de un agricultor para vender su cosecha o por las oportunidades de un joven para trabajar sin abandonar su comunidad.
Una política exterior más firme
Con Traoré como presidente, Guinea Ecuatorial probablemente adoptaría una política exterior más firme frente a las grandes multinacionales y las potencias extranjeras.
El Gobierno podría buscar la revisión de contratos, la diversificación de socios y una mayor cooperación con otros países africanos, asiáticos, latinoamericanos y de Oriente Medio.
Sin embargo, existiría un riesgo evidente: sustituir una dependencia por otra.
Alejarse de una potencia no convierte automáticamente a un país en soberano si después queda sometido económica o políticamente a otra.
La verdadera independencia consistiría en negociar con todos sin quedar subordinado a ninguno.
El riesgo de cambiar de líder sin cambiar el sistema
Ibrahim Traoré despierta admiración entre muchos jóvenes africanos, pero también llegó al poder mediante un golpe de Estado y dirige un sistema con fuertes restricciones políticas.
Por esa razón, su figura no puede presentarse como una solución perfecta.
Guinea Ecuatorial podría adoptar un discurso revolucionario, revisar contratos y construir nuevas industrias, pero mantener al mismo tiempo un poder excesivamente concentrado.
Un presidente puede hablar de dignidad africana y limitar la libertad de prensa, la oposición política o el derecho de la ciudadanía a exigir cuentas.
El desarrollo económico no debería utilizarse para justificar la falta de libertades.
Guinea Ecuatorial no necesita únicamente un dirigente fuerte. Necesita leyes que se cumplan, tribunales independientes, medios libres, profesionales competentes y ciudadanos capaces de controlar al poder.
¿Cambiaría realmente Guinea Ecuatorial?
La llegada de un dirigente como Traoré probablemente despertaría entusiasmo en una parte importante de la población.
Su mensaje de soberanía, juventud, producción nacional y control de los recursos conecta con el sentimiento de muchos africanos que consideran que sus países son ricos, mientras sus ciudadanos continúan viviendo con grandes carencias.
En Guinea Ecuatorial, ese discurso podría impulsar una revisión profunda del modelo económico y político.
Podría haber más presión sobre las petroleras, mayor inversión en agricultura, una distribución territorial más equilibrada y normas más estrictas contra el nepotismo.
Pero ningún país cambia únicamente por la personalidad de un presidente.
El verdadero cambio dependería de cómo se administraran los ingresos, de quién controlara al Gobierno y de si la ciudadanía pudiera participar libremente en las decisiones nacionales.
Conclusión
Guinea Ecuatorial no necesita convertirse en Burkina Faso ni esperar la llegada de un salvador político.
Necesita recuperar algunas de las ideas que han convertido a Ibrahim Traoré en una figura popular: soberanía sobre los recursos, defensa de la producción nacional, dignidad africana y oportunidades para la juventud.
Pero esas ideas tendrían que aplicarse con democracia, transparencia, equilibrio territorial y respeto por todas las comunidades.
Si el petróleo financiara hospitales, si el gas ayudara a crear industria, si la tierra produjera alimentos, si el empleo dependiera de la capacidad y si ninguna familia o clan pudiera controlar las instituciones, Guinea Ecuatorial podría experimentar una transformación histórica.
La verdadera pregunta no es qué ocurriría si Ibrahim Traoré gobernara Guinea Ecuatorial.
La pregunta es por qué Guinea Ecuatorial, teniendo tantos recursos, todavía no ha construido un modelo capaz de beneficiar de manera justa a todos sus ciudadanos.