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La detención de Nicolás Maduro
Por Bnn África
Publicado en 04/01/2026 12:16
Política

La detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses ha provocado una fuerte conmoción diplomática y ha reactivado un debate de fondo sobre los límites del poder, el respeto a la soberanía estatal y el papel real del derecho internacional en el orden global actual.

 

Más allá de la figura de Maduro y de las acusaciones que pesan sobre su gobierno, la forma en que se ha producido su captura mediante una operación militar directa en territorio venezolano sin autorización internacional ha generado inquietud en numerosos gobiernos y analistas, que ven en este episodio un precedente potencialmente desestabilizador para el sistema de relaciones entre Estados.

 

Estados Unidos justificó la operación alegando la existencia de cargos criminales graves contra Maduro, entre ellos vínculos con el narcotráfico y delitos de carácter transnacional. Sin embargo, el procedimiento utilizado no pasó por ningún mecanismo de cooperación judicial internacional, ni por solicitudes de extradición, ni por resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.

 

Esto plantea un problema central: el arresto de un jefe de Estado en ejercicio por parte de otro Estado, mediante el uso de la fuerza, entra en conflicto directo con principios básicos del derecho internacional, como la inmunidad de los mandatarios en funciones, la soberanía territorial y la prohibición del uso unilateral de la fuerza.

 

Para una parte de la opinión pública, la detención de Maduro representa un acto de justicia largamente esperado frente a un régimen acusado de autoritarismo, corrupción y violaciones de derechos humanos. Para otra parte, sin embargo, el modo en que se ejecutó la operación debilita precisamente el marco legal que debería servir para combatir ese tipo de abusos.

 

El dilema es claro: ¿puede la búsqueda de justicia justificar la vulneración de las normas que regulan la convivencia entre Estados? ¿O se está abriendo la puerta a un escenario en el que las grandes potencias actúan como jueces, fiscales y ejecutores al mismo tiempo?

 

La Casa Blanca presentó la operación como un paso para liberar a Venezuela del dictador. Sin embargo, el carácter unilateral de la intervención, la ausencia de respaldo multilateral y el hecho de que Estados Unidos mantenga relaciones estrechas con otros gobiernos autoritarios en distintas regiones del mundo debilitan la coherencia de ese argumento.

 

Esto refuerza la percepción de que las decisiones de intervención no responden únicamente a criterios democráticos o humanitarios, sino también y en muchos casos principalmente a intereses estratégicos, económicos y geopolíticos.

 

Casos anteriores como Panamá en 1989, Irak en 2003 o Libia en 2011 muestran que la caída forzada de un gobierno no garantiza estabilidad política ni democratización. Por el contrario, en muchos contextos ha dado lugar a largos periodos de fragmentación institucional, violencia interna y dependencia externa.

 

Estos precedentes alimentan el escepticismo sobre la idea de que la intervención militar externa pueda ser un instrumento eficaz para construir democracias funcionales.

 

Lo ocurrido no afecta únicamente al futuro político de Venezuela. También afecta al conjunto del sistema internacional. Si se normaliza que un Estado pueda intervenir militarmente en otro para arrestar a su dirigente, el principio de soberanía pierde su función como pilar del orden mundial y se refuerza una lógica basada en la asimetría de poder.

 

Para los Estados pequeños y medianos, este precedente resulta especialmente inquietante: su seguridad deja de depender de normas compartidas y pasa a depender de la voluntad de las potencias.

 

La captura de Nicolás Maduro no es solo un acontecimiento político; es también un acontecimiento jurídico y simbólico. Representa un choque entre dos lógicas: la del poder que actúa y la del derecho que limita.

 

El modo en que la comunidad internacional responda a este episodio determinará si el derecho internacional sigue siendo un marco efectivo de contención del poder o si se convierte en una referencia cada vez más decorativa en un mundo gobernado por la fuerza.

 

En ese sentido, el caso Maduro no es solo sobre Venezuela. Es, sobre todo, sobre el tipo de orden internacional que está emergiendo.

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