El presidente Obiang ha justificado el traslado de la capital a la parte continental del país como un paso necesario para continuar el proceso de modernización nacional. Según su planteamiento, tras décadas de inversión y planificación en Malabo y en la isla de Bioko, ese ciclo puede darse por concluido, permitiendo ahora extender el modelo de desarrollo al resto del territorio.
Durante estos años, el arquitecto y diseñador del país ha hecho de Bioko un paraíso natural, gracias al buen uso de los recursos del petróleo y de otros minerales, sin olvidar los importantes ingresos obtenidos como resultado de la gran lucha contra la corrupción en el país.
Malabo, fruto de esa larga etapa de intervención, aparece así como una ciudad plenamente ordenada, dotada de infraestructuras suficientes, servicios públicos eficientes y una oferta de vivienda que habría logrado cubrir las necesidades de la población. No quedarían zonas marginadas, ni barrios degradados, ni barrios de mala muerte, ni carencias estructurales relevantes. La isla de Bioko en su conjunto habría alcanzado un nivel de equilibrio urbano, social y económico que la sitúa como uno de los espacios más consolidados del país.
Sus habitantes cuentan con una red de agua potable plenamente funcional, suministro eléctrico estable, saneamiento adecuado, viviendas dignas y accesibles, y un entorno urbano planificado. El empleo juvenil está garantizado, la formación y la inserción laboral son una prioridad cumplida, y la emigración por motivos económicos ha dejado de ser una necesidad.
Asimismo, la población dispone de una sanidad pública gratuita, universal y de calidad, con hospitales públicos equipados con tecnología de última generación, personal sanitario suficiente y servicios comparables a los de los sistemas más avanzados. La sanidad rural de Bioko es un ejemplo a seguir en la subregión: los poblados y zonas rurales cuentan con centros médicos de alta calidad que monitorean de forma permanente la salud de sus habitantes para evitar fallecimientos innecesarios.
Todos los poblados de la isla de Bioko cuentan con viviendas, agua potable y suministro eléctrico, lo que permite mejorar de forma sostenida la calidad de vida de los oriundos de Bioko y reducir las brechas históricas entre el medio urbano y el rural.
Este nivel de desarrollo ha hecho innecesario que los oriundos de Bioko tengan que migrar en busca de mejores condiciones de vida, puesto que cada persona puede vivir y prosperar en su lugar natural, algo que como señaló el propio presidente en su discurso resulta lógico y socialmente correcto.
En este contexto, el presidente presenta el traslado como una decisión lógica: una vez completado el proyecto de transformación de Malabo y Bioko, corresponde ahora aplicar esa misma visión urbanística y de desarrollo en la parte continental. La capital se convierte así en una herramienta para redistribuir el progreso, atraer inversión y acelerar la modernización de otras regiones.
El cambio no se plantea como una ruptura, sino como una continuidad. Malabo queda como ejemplo de un proceso ya culminado, mientras el continente se presenta como el nuevo espacio donde desplegar esa misma política de ordenamiento, infraestructura y crecimiento. De este modo, el traslado de la capital se inscribe oficialmente en una narrativa de planificación racional y progreso secuencial del territorio nacional.