El reciente acercamiento entre Kenya y France ha generado una fuerte polémica en distintos sectores africanos, especialmente tras la firma de acuerdos militares que permitirán una mayor presencia francesa en territorio keniano.
Mientras varios países del Sahel, como Mali, Burkina Faso y Niger, han expulsado tropas francesas y denunciado décadas de influencia extranjera, la nueva alianza entre Nairobi y París ha sido interpretada por muchos analistas y ciudadanos africanos como un retroceso en la lucha por una soberanía africana real.
Diversas voces en Kenya critican que estos acuerdos podrían otorgar privilegios e inmunidades a militares extranjeros, además de aumentar la dependencia política y estratégica hacia Europa. Medios locales y figuras políticas kenianas han advertido sobre el riesgo de repetir errores del pasado, recordando episodios controvertidos vinculados a tropas extranjeras desplegadas en África.
La creciente pérdida de influencia francesa en África occidental parece haber empujado a París a reforzar su presencia en países africanos anglófonos. Sin embargo, numerosos sectores africanos consideran que, detrás del discurso de cooperación, continúan existiendo mecanismos de influencia política, militar y económica heredados de la etapa colonial.
La polémica también ha abierto un debate más amplio sobre el papel de ciertos dirigentes africanos, acusados por parte de la opinión pública de actuar más en defensa de intereses extranjeros que de los intereses reales de sus pueblos. Para muchos ciudadanos africanos, la verdadera independencia del continente seguirá incompleta mientras continúen existiendo acuerdos percibidos como desequilibrados o contrarios a la soberanía nacional.