Según un reciente informe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), el incremento de ataques perpetrados por grupos armados en el norte de Nigeria está empujando los niveles de hambre a una escala sin precedentes, con proyecciones que anticipan para 2026 el peor escenario de inseguridad alimentaria en el continente africano. Tal como señaló Africa News, el organismo de la ONU estima que alrededor de 35 millones de personas podrían enfrentar hambre severa en el país, una cifra que supera todos los registros previos desde que comenzaron las mediciones oficiales.
El panorama es especialmente crítico en el estado de Borno, considerado el epicentro de la crisis de seguridad. Allí, al menos 15.000 personas se verán expuestas a condiciones de hambre catastrófica, comparables con situaciones documentadas en regiones como Gaza o Sudán. El PMA prevé clasificar la zona en Fase 5, la categoría más grave dentro de su escala de inseguridad alimentaria.
De acuerdo con lo difundido por Africa News, la intensificación de los ataques ha restringido el acceso de las comunidades rurales a sus tierras de cultivo, profundizando un círculo de vulnerabilidad que afecta de manera directa a los medios de subsistencia. En octubre, la filial de al-Qaeda Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin reivindicó su primer ataque en Nigeria, sumándose a una constelación de actores armados que operan en la región. Paralelamente, el país experimenta un preocupante repunte de secuestros masivos, incluidos los más de 300 estudiantes y 12 docentes raptados en el estado de Níger a finales de noviembre.
El deterioro de la situación se agrava por la reducción drástica de la asistencia alimentaria de Naciones Unidas, consecuencia de la decisión de la administración de Donald Trump de recortar los fondos destinados a la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Según Africa News, la suspensión del financiamiento ha dejado al PMA sin los recursos necesarios para sostener sus programas de emergencia, que podrían agotarse completamente antes de finalizar el año.
La interrupción de ayuda humanitaria no solo afecta a Nigeria: la suspensión de la asistencia alimentaria en África Occidental y Central ha repercutido de manera severa en otros países de la región. Sin embargo, Nigeria se ha convertido en uno de los ejemplos más dramáticos de cómo la reducción de fondos internacionales puede amplificar una crisis multidimensional.
El PMA advierte que, sin un apoyo financiero confirmado, millones de personas podrían quedar totalmente desprotegidas en 2026, exacerbando la inestabilidad y profundizando una emergencia alimentaria que —según alertó el propio organismo en declaraciones recogidas por Africa News— el mundo no puede permitirse ignorar.